Carlos I Rey de España (también conocido como Carlos V del Sacro Imperio Romano Germánico) caminaba un día con bastante dificultad por un ataque de gota. Uno de los condes colaboradores suyos lo vio y comenzó a reírse por lo que el Emperador le preguntó: “¿por qué te ríes?”
El conde respondió: “Señor, al ver cuán inseguro son los pasos de vuestra majestad me ha parecido también que el imperio cojea de un pie”. A lo que Carlos respondió: “Piensa con más acierto la próxima vez, pues no son los pies, sino la cabeza, la que gobierna el imperio”.
También la vida personal de cada uno se debe gobernar con la cabeza o raciocinio y no con los pies que es como si estuviera gobernada por las pasiones o caprichos. Si nuestras pasiones gobiernan nuestra vida esta será como un barco sin rumbo fijo que es arrastrado por los vientos y las corrientes de agua que lo llevan de un lugar a otro.
Ser gobernado por la cabeza significa ser prudentes en el obrar. Pero para que nuestra cabeza, es decir, nuestra razón guíe o gobierne nuestra vida es necesario que nuestra razón sea recta, es decir, que se maneje por principios y que estos principios sean rectos.
Justamente por eso, como dice santo Tomás de Aquino, una de las partes cuasi integrales de la prudencia es la inteligencia, no como facultad de pensar sino como conocimiento de los principios rectos del obrar que es lo que se llama “inteligencia de los primeros principios” (S.Th. II-II,49,2) de los cuales el primero y principal es “hay que hacer el bien y evitar el mal”.
El obrar prudente significa aplicar un conocimiento universal o principios del obrar a una acción particular. De ahí que el obrar racional o “con la cabeza” significa conocer la acción particular que se va a realizar y aplicarle un conocimiento universal, es decir, confrontar dicha acción particular con los primeros principios del obrar para ver si dicha acción está de acuerdo con estos. Si la acción que se quiere realizar no está de acuerdo con los mismos significa que no es una acción prudente y si la realizo estoy siendo movido por mis pasiones que la desean a pesar de no ser prudente y no por la virtud de la prudencia.
