Cuatro Hombres Llevando una Tabla

Cuenta una historia que cuatro hombres llevaban una tabla grande, aunque no demasiado grande. Era una tabla que en realidad la podían llevar entre dos, no hacía falta que sean cuatro. Sin embargo, la llevaban cuatro y no sólo eso, sino que además los cuatro estaban cansados como si fuese mucho peso.

Además de estar cansados estos cuatro iban hablando entre ellos, o mejor, iban quejándose entre ellos: “que yo llevo más peso que todos ustedes”, “que tú solo la llevas con la punta de los dedos y no haces fuerza”, etc. todos se quejaban de todos al punto que la tarea de llevar esa tabla, que podía ser llevada entre dos, les estaba siendo difícil e ingrata. Y el motivo es que ninguno quería hacer el esfuerzo de llevarla bien, todos trataban de llevarla haciendo el menor esfuerzo posible y así terminaban todos cansados y agobiados por una tarea que no los tendría que haber ni cansado ni agobiado

Muchas veces a los cristianos nos pasa lo mismo con la tabla donde están escritos los mandamientos, por no llevarlos como se deben llevar terminan siendo una carga insoportable en nuestra vida. ¿Cómo no se deben cumplir los mandamientos? Como una obligación. ¿Cómo se deben entonces cumplir los mandamientos? Con amor.

Por eso, Cristo, siempre que le preguntaban sobre los mandamientos respondía con el mandamiento del amor que encierra todos porque encierra el espíritu como deben ser vividos; porque encierra la fuerza que hace posible que los cumplamos: el amor a Dios, el amor al prójimo y en definitiva el amor a nosotros mismos, porque si realmente nos amamos debemos querer hacemos el bien y para hacernos el bien debemos vivir de acuerdo a los mandamientos porque cada vez que rompemos un mandamiento nos hacemos el mal.

De ahí que con cuanta mayor perfección cumpla los mandamientos, que significa con cuanto mayor amor los cumpla mayor bien me hago a mí mismo. Y como los mandamientos y particularmente el mandamiento del amor de Dios no tiene límite en cuanto a la perfección con la cual se puede cumplir, porque siempre se puede amar más a Dios, siempre se puede cumplir con mayor perfección, por esta razón siempre debemos esforzarnos en cumplirlo cada día mejor.

Lo cual significa como dice santo Tomás no sólo poner “habitualmente todo el afecto en Dios” que significa no hacer nada que vaya contra el amor a Dios sino también, que es lo que hicieron los santos, poniendo “todo empeño en dedicarse a Dios y a las cosas divinas, olvidando todo lo demás, en cuanto lo permiten las necesidades de la vida presente” (S.Th., II-II,24,8). Este olvidarse de todo lo demás significa olvidarse de todos los deseos propios para ocuparse solamente de los deseos de Dios.

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