Una vez, un maestro decidió poner a prueba la honestidad de sus discípulos, así que los reunió y les planteó una pregunta:
—¿Qué harían si, caminando por el camino, encontraran una bolsa llena de dinero tirada en el suelo? —preguntó.
—»Se la devolvería a su dueño» —dijo el primero. El maestro pensó: «Su respuesta fue tan rápida que me hace dudar de si realmente lo dice en serio».
—»Si nadie me ve cuando encuentro la bolsa, me quedaría con el dinero» —dijo otro discípulo. El maestro se dijo para sí: «Tiene lengua franca, pero corazón perverso».
—»Bueno, maestro —dijo un tercer discípulo—, para ser sincero, creo que me sentiría tentado de quedármelo. Así que rezaría a Dios para que me diera la fuerza para resistir esa tentación y hacer lo correcto».
—»¡Ajá!» —pensó el rabino—. «Este es el hombre en quien confiaría».
A todos nos gustaría reaccionar como al primer discípulo, pero todos sabemos que tenemos la debilidad que nos hace reaccionar como el segundo. Por eso, la lección que tenemos que sacar de esta historia es que no sólo tenemos que querer ser honestos y buenas personas, sino que además tenemos que ser conscientes que somos débiles y muchas veces fallamos.
Justamente por eso, frente a las tentaciones siempre tenemos que reaccionar como el tercer discípulo, no confiar en nuestras fuerzas, sino pedir a Dios que nos de la gracia de ser fieles y hacer lo que es correcto y no lo que es incorrecto.
Para esto hacen falta dos cosas: la primera es no querer hacer las cosas de modo equivocado, siempre querer hacer las cosas de modo correcto, siempre querer hacer el bien y nunca el mal. Es decir, la primera cosa y más importante es tener la voluntad firme en el bien.
La segunda cosa, como hizo el discípulo es pedir a Dios las fuerzas necesarias para hacer el bien y no dejar de pedir a Dios, es decir, no dejar de rezar hasta que la tentación de hacer el mal se nos vaya. Porque si dejamos de rezar, es señal de que dejamos de luchar contra la tentación y si dejamos de luchar contra la tentación la tentación nos va a vencer.




