¿Son todas las religiones iguales?

Una vez un catecúmeno le hizo esta pregunta al sacerdote que lo estaba preparando para el bautismo: ¿son todas las religiones iguales? El sacerdote le dijo que no, que si fuesen todas iguales no habría en realidad distintas religiones.

“¿Qué las diferencia?” Le preguntó el joven. “Varias cosas, dijo el sacerdote, por ejemplo, el fundador: la Iglesia Católica fue fundada por Nuestro Señor Jesucristo que es Dios que se hizo hombre para salvarnos. Las otras religiones, excepto la judía, fueron fundadas por hombres como Lutero, Maoma, Joseph Smith, etc.”.

“Pero yo escuché, incluso de católicos, que todas las religiones son iguales” dijo el joven. “¿Por qué dicen eso?” “Dicen eso – respondió el sacerdote – porque es más fácil acomodar nuestra vida a la religión que nos cae bien si todas las religiones son iguales” dijo el sacerdote. “¿Cómo? No entiendo” dijo el joven.

“Muy simple, si todas las religiones son iguales, entonces, yo soy libre de elegir lo que me gusta de cada religión y poner las cosas que me gustan todas juntas y hacer mi propia religión de acuerdo con mis gustos. Justamente eso, fue lo que hicieron muchos de los fundadores de muchas religiones. Así, por ejemplo, puedo incluir la compasión que me gusta, pero no incluir el pecado y el arrepentimiento que no me gustan. En otras palabras, creer que todas las religiones son iguales es la excusa perfecta para hacer lo que me gusta en mi vida, elegir la doctrina que quiero practicar de cada religión y la que no quiero, en lugar de hacer lo que es correcto”.

Justamente los que igualan todas las religiones, los que dicen que la Iglesia Católica tiene que cambiar esto o aquello porque no están de acuerdo son los que en lugar de arrepentirse de sus pecados y hacer el esfuerzo por cambiar, quieren que todos cambien para poder seguir viviendo como viven sin arrepentirse del mal que se hacen a sí mismos y a los demás. Son los que viven en pecado e inducen a otros al pecado (Mt 13:41).

Pretender saber más que Dios, que es el que transmitió los mandamientos y la doctrina que está en el Evangelio por medio de su Hijo Jesucristo, y querer cambiar su doctrina no es otra cosa que querer envenenar nuestra alma con doctrinas contrarias a la fe.

De ahí la importancia de aceptar totalmente la doctrina del Evangelio y buscan amoldar nuestras vidas a la misma. Alimentamos nuestra alma con la doctrina transmitida por Jesucristo cuando la aceptamos íntegramente y tratamos de vivir acorde con ella. Al alimentar nuestra alma la hacemos cada día más fuerte para resistir las embestidas del maligno que busca por todos los medios matar su fe.

De ahí que es importante que nos esforcemos cada día por reforzar nuestra fe y no de debilitarla. Para reforzar nuestra fe debemos simplemente ejercitarla cada día, porque cuanto más usamos nuestra fe más se robustece y cuanto menos la ejercitamos más la debilitamos.

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