Las monedas de nuestra voluntad

En una ocasión, encontré un artículo fascinante que establecía una interesante analogía entre nuestra voluntad y una Casa de la Moneda. Así como esta última fabrica monedas, nuestra voluntad crea monedas, pero en un sentido más figurado. Nuestra voluntad forja las monedas de nuestras buenas acciones, las cuales utilizamos para adquirir el cielo y acercarnos a la santidad. Sin embargo, para que estas monedas sean auténticas y no falsas, deben ser cuidadosamente elaboradas.

En ocasiones, nos encontramos con monedas que parecen estar hechas de oro o plata, pero en realidad, están conformadas por metales falsos. Lo mismo ocurre con las monedas de nuestra voluntad. A menudo, creamos acciones que, aunque puedan parecer buenas en la superficie, carecen de la pureza y la intención adecuada. Ejemplos de esto incluyen donaciones motivadas por vanidad, actos de devoción impulsados por el orgullo, o actos de caridad con segundas intenciones. Podemos decir que la calidad de nuestras acciones depende de la virtud que les imprimimos.

En el mundo del dinero, encontramos monedas que pueden carecer de la imagen correcta, y en ocasiones, nosotros mismos creamos monedas con la imagen equivocada. En lugar de reflejar la Voluntad de Dios, algunas de nuestras acciones pueden llevar la imagen de nuestra propia voluntad o, aún peor, la imagen del demonio. Como San Ambrosio aconsejó: «Borra de la moneda de tu alma la imagen del demonio y coloca en su lugar la imagen de Cristo».

Sin embargo, existe una distinción importante entre las monedas producidas por una Casa de la Moneda y las que forjamos con nuestra voluntad. Las monedas acuñadas por una Casa de la Moneda están hechas de un mismo material y llevan una imagen constante. Por ejemplo, las monedas de diez centavos son fabricadas con un material específico y una imagen invariable, aunque ocasionalmente la Casa de Moneda actualice esta imagen. En contraste, nuestras monedas pueden variar tanto en material como en imagen. Cuanto más virtuosa sea nuestra acción, mejor será el material de nuestras monedas. Cuanto más nos alineemos con la Voluntad de Dios, más perfecta será la imagen de la moneda que forjamos.

La Madre Seton compartió un valioso consejo con sus hermanas: «El primer objetivo que debemos perseguir en nuestro trabajo diario es cumplir la Voluntad de Dios; en segundo lugar, hacerlo de la manera que Él desea; y en tercer lugar, hacerlo porque es Su Voluntad». Este consejo es relevante para cualquier persona que aspire a la santidad y anhele alcanzar el cielo.

Homilía Diaria

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