Un pobre en una catedral

Una vez un hombre pagano fue a visitar “il Duomo di Monreale” (la Catedral de Monreal) en Sicilia, para poder admirar los mosaicos que hay en ella. Al llegar a la entrada de la Iglesia había un pobre pidiendo limosna. El hombre aprovechando la situación de indigencia de ese pobre le preguntó si le parecía bien que la Iglesia tuviese a un pobre sentado en su puerta sin hacer nada por cambiar su situación teniendo tanta riqueza en las paredes de la Catedral o que haya gastado tanto dinero en hacer esa Catedral en lugar de darla a los pobres para calmar su hambre.

El pobre que resultó ser un católico devoto le contestó: “al contrario, estoy agradecido con el que mandó construir esta Catedral, porque al entrar para rezar y ver tanta belleza, me hace recordar la belleza que me espera en la vida eterna y eso me da fuerza para seguir adelante en esta vida”.

Una sabia respuesta que no siempre tenemos presente cuando entramos en un templo católico, particularmente aquellos como la Catedral de Monreal o la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona, por nombrar algunas de las tantas Iglesias, cuyo arte busca elevar el espíritu del visitante hacia Dios.

Porque la belleza de las Iglesias no tiene como fin el que la Iglesia Católica se jacte de las innumerables obras de arte que posee, que de hecho no se jacta, sino que están pensadas para dar culto a Dios y para mover las almas hacia Dios.

En primer lugar, los majestuosos templos católicos están hechos para dar culto a Dios ya que, así como se necesitan edificios para que las escuelas puedan educar a los niños, así también es necesario un edificio para poder dar culto a Dios. Justamente por eso, las Iglesias no son dinero acumulado por un avaro, sino que es dinero invertido para el culto de Dios. Es una de las enseñanzas que encontramos en el Evangelio de San Juan cuando Cristo no recrimina a María, la hermana de Marta y Lázaro, porque tomó medio libro de nardo puro, que era un perfume muy caro, y lo derramó sobre los pies de Jesús (Jn 12:3) sino que recrimina a Judas Iscariote por quejarse de que ese perfume no se lo vendió para dárselo a los pobres.

En segundo lugar, los templos majestuosos y bellos mueven al hombre hacia lo alto y por eso, hacen un gran bien al alma como decía con sencillez ese pobre de la anécdota. El arte no sólo es una de las manifestaciones del espíritu humano, sino que también ayuda al espíritu humano y en el caso del arte sagrado, que es al que nos estamos refiriendo, lo ayuda en ese movimiento que debe hacer hacia Dios.

El objeto del arte sagrado es hacernos conocer lo Invisible a través de lo visible. El arte sagrado busca dar un rostro a través de las imágenes al Dios que no podemos ver con nuestros ojos corporales. Busca llevarnos a la contemplación del Creador de todas las cosas. De ahí que la Iglesia siempre ha considerado como una necesidad para cumplir con el fin por el cual fue instituida por Cristo el invertir dinero en templos y obras de arte que ayuden a los fieles a elevar su alma a Dios.

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