Dos ratones caen en un balde de leche. El primer ratón, desilusionado, perezoso, se dejó llevar. El segundo, no perdió el ánimo y, con su buen carácter, mientras nadaba, reflexionaba. Y comprendió algo importante: a base de agitar, la leche se coagula. Se animó, aceleró un poco, y al rato aquello fue nata, y después mantequilla, y después dió un salto y salió.
Lo que quiere enseñar esta pequeña fábula es que hay dos modos de ver la vida o más precisamente los problemas en la vida: el escaparse o rendirse frente a los mismos o el enfrentar los mismos positivamente tratando de encontrar una solución.
Si bien humanamente hablando no siempre se encuentran soluciones a todos los problemas, sin embargo, nunca debemos dejarnos llevar por el pesimismo y dejar de intentar solucionar la situación en la que nos encontramos.
Sin embargo, desde un punto de vista de la fe, todos los problemas siempre tienen una solución porque la fe nos enseña que los problemas son situaciones que la Divina Providencia permite para que alcancemos una gracia y en definitiva para que crezcamos en santidad. Porque, como explica santo Tomás, Dios por ser creador de todas las cosas también es gobernador de todas las cosas, es decir, “así como nada puede existir sin haber sido creado por Dios, de igual modo nada puede haber que no esté sometido al gobierno divino” (I,103,5).
Para entender esto correctamente es importante recordar que el fin del gobierno divino para los hombres es que alcancemos la vida eterna. Esto quiere decir que Dios en su gobierno no dispone las cosas para el bien material particular de todas y cada una de las personas sino para el bien sobrenatural de todas y cada una de las personas que es la salvación eterna.
Justamente por eso, permite muchas veces que sucedan males para que por medio de ellos los hombres alcancemos gracias que nos sirvan para alcanzar el fin de nuestra vida. La gran preocupación que los hombres debemos tener es descubrir las gracias que Dios nos quiere enviar a través de todas y cada una de las situaciones en las que nos encontramos y así conseguir las gracias que están detrás de esos eventos.
Así como el ratón de la fábula comprendió que había algo que debía hacer para poder salvarse y no morir ahogado, así también nosotros debemos entender la situación y hacer lo que debemos hacer para poder conseguir la gracia que Dios nos envía. Si, en cambio, frente al mal nos dejamos vencer por el mal, como el primer ratón, lo único que conseguiremos es aumentar el mal haciendo algo malo.




