Jesús, que haga siempre lo que Tú quieras

Alexia González-Barros González (Madrid, 7 de marzo de 1971 – Pamplona, 5 de diciembre de 1985) fue una niña española que ha sido proclamada venerable por la Iglesia Católica. En un programa de televisión, Moncha, la madre de Alexia contó que un día después de confesarse cuando salieron de la Iglesia Alexia hizo una genuflexión con profunda piedad. Cuando salieron de la Iglesia le dijo: “¿Sabes, Alexia? Yo no sé si te he dicho alguna vez que es bonito decirle algo cariñoso al Señor, cuando hacemos la genuflexión ante el Sagrario.

Alexia se quedó mirándola con sus grandes ojos muy abiertos y una expresión entre asombrada y divertida, mientras decía con gran convencimiento: “¡Claro, mamá! Yo le digo: Jesús, que haga siempre lo que Tú quieras”.

Alexia hizo de esa frase el lema de su vida y eso, según los que vivieron con ella, fue su secreto, el secreto que no sólo le hizo aceptar la enfermedad —a los 13 años le detectaron un tumor maligno que en poco tiempo la dejó paralítica y le arrebató la vida 10 meses después de detectado— con espíritu de fe, sino también a vivir en serena alegría incluso en medio del dolor.

Y si bien esto podría parecer un subterfugio psicológico para resignarnos y aceptar lo que nos pasa en la vida, en realidad para los que viven con fe esa verdad fundamental a ejemplo de Nuestro Señor Jesucristo cuyo alimento era hacer la Voluntad de su Padre es una fuente de alegría y de serenidad sobrenatural que fue lo que experimentó Alexia.

Porque la resignación psicológica de “aceptar porque no me queda otra” nunca nos podrá llenar de alegría sobrenatural, en cambio, la aceptación de lo que nos pasa como venido de la amorosa mano de Dios llena nuestro espíritu de amor y ese amor nos llena de satisfacción y serenidad en medio de las dificultades y las alegrías de la vida.

Porque la Voluntad de Dios, más allá de que muchas veces se manifiesta como necesaria e inevitable —como es el caso de una enfermedad como la que sufrió Alexia— aunque otras veces no —como es el caso de la vocación— siempre es un don de Dios para los que, como Alexia, están preocupados en hacer lo que Dios quiere y no lo que ellos quieren.

Es un don de Dios porque la esencia de la Voluntad de Dios es Amor. Detrás de todos y cada uno de los designios de la Providencia de Dios hay un designo de amor especial para la persona destinataria de ese designio. Y si lo aceptamos porque es lo que Dios quiere para mí, esa aceptación nos llenará de alegría y serenidad, es la alegría y serenidad que da el vivir en el amor de Dios.

Por eso, el mejor lema para la vida es “que siempre haga lo que Tú quieras” y si hacemos de ese lema el plan de nuestras vida, pero no como un programa de actividades sino como una fuerza viviente que desde dentro nos hace vivir todos y cada uno de los acontecimientos de nuestra vida, nuestra vida rebosará de alegría y serenidad como rebosó de alegría y serenidad Alexia.

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