En una reciente entrevista, Luis de la Fuente, el actual entrenador de la selección española de fútbol que salió campeón de la edición 2026 del mundial de fútbol masculino habló de su fe. En realidad, es una pregunta que le hacen frecuentemente, ya hace unos años atrás le habían preguntado si se podía decir que Luis de la Fuente se sentía orgulloso de ser católico, a lo que respondió: “pues vamos, orgullo no, orgullosísimo”.
Quizás a partir de ahí y sobre todo por la popularidad que alcanzó por el éxito que ha tenido dirigiendo a la selección española de fútbol, le han hecho muchas preguntas sobre su fe a las que siempre respondió haciendo aclaraciones interesantes. Por ejemplo, en la conferencia de prensa antes de la final del mundial un periodista sin preguntarle, afirmó que estaba rezando mucho en las horas previas al mundial como sugiriendo que usaba la fe como una especie de superstición para ganar partidos, y para corroborar eso le preguntó “¿qué le pide usted a Dios de cara al partido de mañana?”.
Luis de la Fuente, que se dio cuenta de la intención del periodista, dio una respuesta muy sabia: “yo, es que rezo todos los días, pero no porque estoy en un mundial ni pretendo sacar un resultado, yo le doy gracias todos los días […] y rezo porque rezo todos los días, no para que me ayude más y creo que sería injusto pedirle para que me ayude a mí y no ayude al rival”.
En otra entrevista en la cual estaba hablando de la importancia en su vida de ser católico, la periodista le preguntó: “¿La fe la has vivido en tu familia, o sea, te la ha transmitido tu familia?”. A lo cual inmediatamente respondió “Sí, […] yo vengo de una familia católica, pero” aclaró inmediatamente “también he de decir que yo he elegido ser católico después, porque uno en su desarrollo pues pasa muchas vicisitudes en la vida y yo he sido joven también y lógicamente en esos momentos de juventud y que crees que puedes con todo y te olvidas de muchas cosas llegué luego a darme cuenta pues que […] sin la fe no podía vivir y lo elegí libremente y como elegí libremente y con inteligencia y con momentos de razonar por qué y por qué no, pues elegí que sí porque me da mucha más fortaleza y seguridad”.
Una aclaración muy aleccionadora no sólo porque la fe no se puede vivir por obligación sino que la gracia de Dios nos ayuda para que libremente nos movamos a Dios y creamos sin coaccionarnos, y por eso, hay que dar el paso interior de aceptación de la fe. Sino también, porque como dice santo Tomás el acto de fe es un acto de la inteligencia que es movida por la voluntad.
Es decir, el acto de la fe implica un acto de la inteligencia, por eso, es necesaria la inteligencia, es decir, es nuestro intelecto que se adhiere a la fe revelada que hace una inquisición o averiguación que es a lo que se refiere Luis de la Fuente cuando dijo “con inteligencia y con momentos de razonar” el por qué de aceptar la fe. La inteligencia descubre la lógica de los misterios de la fe o que no son irracionales si bien no los puede comprender totalmente y descubre la bondad que hay detrás de aceptar la fe.
Y justamente por eso, hace falta también un acto de la voluntad, como también dijo sabiamente Luis de la Fuente: “elegí que sí” porque como dice santo Tomás en el acto de la fe “el intelecto del creyente no es determinado necesariamente por la razón, sino por la voluntad” (II-II,2,1 ad 3). Cuando el intelecto entiende que dos más dos son cuatro es determinado necesariamente por la razón, porque no puede negar esa verdad porque es una verdad evidente.
Como la fe trata de verdades sobrenaturales que sobrepasan nuestra inteligencia, esta no queda determinada por esas verdades y necesita ser determinada por la voluntad que elige la fe al darse cuenta del gran bien que hay detrás de las verdades reveladas para la propia vida, que es justamente lo que movió a Luis de la Fuente a creer, es decir, porque se dio cuenta que “sin la fe no podía vivir”. Porque los hombres sin la fe no podemos vivir bien, porque necesitamos la fe, porque necesitamos a Dios que es nuestro fin.




