Había un hombre que se dedicaba a cazar víboras, que luego vendía a un especialista en aprovechar el veneno para fines medicinales. Un día este hombre encontró un lugar que estaba lleno de víboras venenosas y comenzó a recogerlas, pero se le hizo tarde para ir al pueblo a venderlas y decidió pasar la noche en la choza que solía dormir cuando iba a cazar.
En un momento de la noche se despertó sintiendo en el cuello y en los brazos algo frío y viscoso. Sucedió que las víboras encontraron un lugar por donde salir del saco en el cual las había puesto y atraídas por el calor de su cuerpo comenzaron a rodearlo por todas partes. El hombre sin moverse llamó a su ayudante que dormía en la otra habitación.
“Ve a buscar leche y ponla en un plato y luego pon el plato en el suelo cerca de mi cama” le dijo a su trabajador cuando este entró en la habitación. Una vez puesto el plato de leche en el suelo las víboras atraídas por el olor de la leche comenzaron a dejar la cama y al cazador de víboras. Una vez que quedó libre de la amenaza de las víboras las mató a todas. Finalmente se dijo: “aunque me estuviera muriendo de hambre, no cazaré más víboras”. Y mantuvo esta decisión de no arriesgar más su vida hasta el último día de su vida.
El percance con las víboras hizo a este hombre juzgar lo que es correcto, porque este hombre atraído por la gran remuneración que conseguía por cazar víboras porque siendo un trabajo peligroso nadie lo quería hacer y por eso era muy bien pago, ponía en riesgo su vida invirtiendo los valores.
Algo parecido sucede en la vida espiritual muchas veces no juzgamos correctamente las cosas desde el punto de vista espiritual por la atracción sensible que las cosas tienen y así jugamos con la tentación o nos ponemos en ocasión de pecado por no querer renunciar a cosas que no son pecado en sí mismas, sin embargo, despiertan o alimentan nuestras pasiones haciendo que sean muy difíciles de gobernar o controlar.
Debemos tomar la decisión firme de alejarnos de todo aquello que puede causarnos la muerte del alma por más que piense que tengo esas tentaciones controladas, como el hombre de la historia que pensaba que tenía las víboras controladas, y que un día, sin darnos cuenta, puede pasar que lo que pensábamos que teníamos bajo control no lo tenemos más por no juzgar correctamente de las cosas.
Si sé que tengo problemas de gula debo mortificarme en el comer y evitar comer lo que me gusta y no puedo parar de comer. Si tengo problemas con la lujuria debo evitar todo aquello que excite mi imaginación y mis deseos. Si tengo problemas de ira debo prevenir las causas de ira y alejarme de las cosas que me hacen enojar. Y así podemos seguir enumerando todos los pecados capitales y la importancia de juzgar correctamente de las cosas para descubrir todo aquello que nos puede causar la muerte espiritual.
No debemos esperar a estar en una situación extrema para tomar la decisión de alejarnos de todo aquello que nos puede causar la muerte espiritual, sino que debemos tomar la firme decisión de distanciarnos de todas las cosas que puedan poner en riesgo nuestra salvación eterna.




