Un sacerdote cuenta que una vez un aldeano de Castilla con quien se puso a conversar le dijo: “yo, señor cura, tengo un tratado de doctrina cristiana en muy pocas palabras”. El sacerdote sorprendido de lo que este hombre le decía, no tanto porque no conocía ese tratado, sino porque le parecía difícil concentrar la doctrina cristiana en muy pocas palabras, le preguntó: “¿Dónde y cuál?” “En el Padrenuestro” le respondió. “¿Cómo es eso?” preguntó el sacerdote inmediatamente. “Mire usted, señor cura” dijo el hombre “yo lo rezo muchas veces despacio, despacio, en la iglesia o en mi casa, y cada vez encuentro en él más luz y más consuelo; yo no sé si lo entiendo bien o mal, pero lo cierto es que para todo hallo consuelo mascando despacio padrenuestros”.
“Y sería verdad” reflexionaba el cura después de contar la historia “porque vi que aquel hombre tenía muy buena vida y mucha serenidad de espíritu”.
Llevar una buena vida y tener serenidad son los efectos de toda buena oración por lo que no nos tendría que sorprender que el Padrenuestro causara esos efectos en este hombre que rezaba piadosamente esta oración no sólo todos los días sino varias veces al día.
Porque la oración produce tres efectos que son los que nos ayudan a llevar una buena vida y tener nuestro espíritu sereno. Estos tres efectos son: remedio contra el mal, nos obtiene lo que necesitamos y nos acerca a Dios.
En primer lugar, es un remedio eficaz y útil contra los males y especialmente contra el principal mal y enemigo del hombre que es el pecado. La oración por un lado nos perdona nuestros pecados como la oración del buen ladrón libró a este de sus pecados, de hecho, Nuestro Señor como respuesta a esa oración le dijo: hoy estarás conmigo en el paraíso (Lc 23,43). La oración por otro lado es el mejor medio para vencer el pecado. Ambos efectos los produce el Padrenuestro ya que en él pedimos a Dios que nos libre del mal, que no nos deje caer en la tentación y nos perdone nuestros pecados.
La oración, en segundo lugar, es eficaz para conseguir lo que necesitamos, como dijo Nuestro Señor: cuanto pidiereis a mi Padre os lo concederá (Mc 11,24). Y si no somos escuchados es porque no pedimos lo que más conviene para nuestra salvación. Por eso, el Padrenuestro es la mejor oración ya que Jesús nos enseñó a pedir lo que realmente necesitamos para nuestra salvación.
Por último, la oración es eficaz para hacernos cercanos o familiares de Dios. Y en este sentido la oración del Padrenuestro al hacernos llamar a Dios Padre es efectiva para acercarnos a Dios.




